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Emociones e infertilidad: la importancia de la ayuda psicológica

Beatriz Dibra
Psicóloga en Ginefiv

El torrente de emociones ante un diagnóstico de infertilidad y durante todo el tratamiento de reproducción asistida, convierte la ayuda psicológica en una herramienta de gran ayuda para que la experiencia emocional resulte lo más sencilla posible.

Hay que tener en cuenta que el impacto emocional ante la infertilidad, así como el desgaste en aquellas parejas que llevan tiempo intentando conseguir una gestación sin éxito es importante.

A medida que se han ido incrementando los tratamientos de reproducción asistida, los diferentes modelos de familia y el acceso a distintas técnicas  (puestas cada vez con mayor frecuencia en conocimiento de la población),  se ha ido modificado también el contenido de los motivos de consulta psicológica.

En menos de una década, por ejemplo ya no se trata como un tema tabú la recepción de gametos, sino con una mayor naturalidad, gracias en gran parte al testimonio de personas que han accedido a ello y han podido ayudar a normalizar algunos miedos frecuentes y a tranquilizar sobre la experiencia posterior con sus hijos, una vez que han sido padres.

Expectativas vs realidad

Desde un primer momento, las expectativas a la hora de conseguir un embarazo son altas para las parejas que acuden por primera vez a un centro de reproducción asistida y aún más altas en aquellas personas que acuden como madres solas por elección o parejas de mujeres, dado que en la mayoría de estos casos no hay una experiencia previa de infertilidad.

Por esta razón, quizá en estos dos últimos casos, el impacto emocional puede ser mayor ya que no lo esperaban; pero en los primeros, el agotamiento se instala antes de comenzar.

En cualquier caso, las emociones se intensifican y transforman en una dirección lógica en todos los casos y es en la sensación de falta de control que sobreviene cuando a medida que avanzan los tratamientos, se van condicionando aspectos de la vida que hasta ahora mantenían a flote.

Por el contrario, conocer de antemano el posible impacto emocional, hace más sencillo encajarlo todo.

Ayuda psicológica desde el principio

Casi un 20% de pacientes que han acudido a nuestra Unidad de Psicología en el último año, lo hayan hecho antes de iniciar cualquier tratamiento, motivados quizá por el consejo de hermanas, amigos u otros familiares o conocidos que han compartido con ellos su experiencia emocional en la infertilidad. En otros casos, movidos por opiniones vertidas en foros, con el riesgo de no conocer el ajuste emocional de las personas que emiten sus conclusiones personales. Por eso para nosotros es importante centrar el trabajo en la persona de manera individual, conocer de qué herramientas dispone y cuáles se pueden añadir para llevar estos procesos de reproducción asistida de la manera más adaptativa posible.

Cabe destacar, asimismo, que no hay dos personas que vivan los tratamientos de reproducción asistida de la misma manera en el mismo momento, incluso dentro de la misma pareja, por lo que los esfuerzos dentro de esta deben estar enfocados en cuidar aquello que la mantiene sólida y seguir trabajando para que tanto la pareja, como la persona que lo intenta sin ella, siga creciendo independientemente de la consecución de su objetivo.

Normalizar las emociones

Los tratamientos de reproducción asistida pueden llegar a suponer una cuesta hacia arriba si a ello le añadimos la presión que sienten las personas que escuchan constantemente por parte de amigos o familiares conocedores del proceso, que deben “estar tranquilas” o “pensar en positivo”. Lejos de sentirse mejor, de este modo se sentirán con una mayor falta de control  y se percibirán aún más culpables de su situación, terminando por acudir a una consulta psicológica en la que desean que se les indiquen “pautas para estar tranquilos y para estar positivos”.

Ante esta perspectiva, es importante entender que hay ciertas emociones, como la tristeza o la ira, que son normales ante una mala noticia. Se trata de emociones congruentes con la realidad y no hay que hacerlas patológicas. Nadie debe tener la responsabilidad de tener que controlar una emoción como la tristeza cuando en ocasiones nos sirve para asimilar una información, o la ira cuando nos sirve para defendernos si nos hemos sentido atacados. Sólo si esa ira se expresa en forma negativa hacia la pareja, o esa tristeza acelera la instauración de pensamientos automáticos negativos, conviene trabajarlo con el especialista para no añadir más dolor del necesario.

Hablar de las emociones

Otro dato que parece mantenerse en el tiempo es que la expresión emocional y la petición de ayuda psicológica son más frecuentes en las mujeres que en los hombres. Dentro de este grupo, muchas mujeres que deciden ser madres solas por elección creen que aquellas que tienen pareja podrían sentirse más acompañadas, pero la realidad refleja que la mayoría de mujeres que solicitan ayuda psicológica tiene pareja y además siente que su pareja no se encuentra en el mismo punto emocional que ella o que su apoyo debería ser más fuerte.

Sin ir más lejos, no hay dos personas que perciban una misma situación de la misma manera y por ello se aconseja pedir y especificar qué tipo de apoyo se espera por parte de los seres queridos en una circunstancia adversa, así como no esperar que adivinen nuestras necesidades, que como mucho, nos puede conducir a sentir frustración.

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