El número de madres solteras que se someten a tratamientos de reproducción asistida se mantiene a pesar de la crisis

  • El 90% de las mujeres que optan por la maternidad en solitario tienen una situación económica favorable con trabajo estable
  • La media de edad de las mujeres solteras que se somete a un tratamiento de reproducción asistida es de más de 39 años, edad en la que disminuye la reserva ovárica y los óvulos presentan peor calidad

Madrid, 28 de noviembre de 2012.- A pesar de la actual situación económica, las mujeres solteras no renuncian al deseo de tener un hijo. De hecho, según datos de la clínica Ginefiv, en los últimos cinco años se ha multiplicado por 2,5 la cifra de mujeres solteras que realizan un tratamiento de reproducción asistida. Incluso, en la presente coyuntura de crisis, este último año se ha mantenido el número de pacientes solteras que acudieron a consulta durante el pasado 2011, donde hubo un crecimiento del 28%.

Esto se debe a que el 90% de las mujeres que optan por la maternidad en solitario tiene una situación económica favorable con trabajo estable. Además, la edad media de estas mujeres se sitúa en más 39 años, edad en la se tienen mayores dificultades en la gestación, ya que ha disminuido la reserva ovárica y los óvulos son de peor calidad. “Estas mujeres han aplazado la maternidad hasta haber desarrollado su carrera profesional o encontrar pareja estable. Sin embargo, se encuentran en el límite de su edad reproductiva, por lo que deciden tener un hijo solas al no poder retrasar más la hora de la maternidad y contar, además, con independencia económica”, comenta la doctora Victoria Verdú, coordinadora de Ginecología de Ginefiv.

Gracias al mayor acceso a las técnicas de reproducción asistida, cada vez más mujeres pueden tener un hijo propio aunque no tengan pareja. “La opciones que la reproducción asistida ofrece a las madres solteras para lograr el embarazo son exactamente las mismas que a cualquier otra mujer, con la diferencia de que se tendrá que recurrir a la donación de semen para obtener el gameto masculino”, explica la doctora Verdú.

Para ello, se busca un donante joven y sano que tenga unas características fenotípicas similares a la madre con el objetivo de que el bebé sea lo más parecido posible. En todo momento, la donación será anónima, por lo que no se sabrá la identidad del donante.

Dependiendo del perfil de la paciente, se podrá realizar una Inseminación Artificial (IA), en el caso de que sea sana y fértil, o se efectuará una Fecundación in Vitro (FIV), principalmente a partir de los 38 años, donde se reduce la capacidad ovocitaria y la tasa de anomalías cromosómicas es más alta. “No obstante, se debe tener en cuenta que aquellas pacientes que no puedan utilizar sus propios óvulos, podrán recurrir también a la donación de ovocitos o embriones para vivir la experiencia de ser madre”, concluye la ginecóloga.

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